lunes, 16 de agosto de 2010

Santa Atabeira Ochún de la Caridad y la reconciliación nacional cubana

Dónde se cuenta que esta milagrosa imagen,
antes de aparecida por el mar, estuvo en esta isla de Cuba
protegiendo a sus habitan
tes nuevamente convertidos.

Presbítero Bernardo Ramírez, 1782 ¹


  Oshun, Orisha africano. Paul B. Rucker 

Este 8 de agosto de 2010, en Santiago de Cuba comenzó la Peregrinación Nacional de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre por todo el territorio cubano. Prevista a culminar su piadoso viaje en la Ciudad de La Habana el 10 de diciembre del año 2011, la llamada Patrona de Cuba reanuda en pleno, por primera vez después de medio siglo, su labor de matronazgo insular gracias a un pacto diplomático entre el gobierno de Raúl Castro y la Iglesia Católica. Después de una gran crisis política ocasionada por el encarcelamiento de un grupo de disidentes cubanos, la mortal huelga de hambre de uno de ellos y la amenaza de muerte de otro, un acuerdo entre la diplomacia española, la representación vaticana y los líderes de la Revolución Cubana alivió las tensiones. Como resultado se liberaron presos políticos, se intentó remover la ceñuda posición común de la Unión Europea contra Cuba y la fe católica se empoderó derechos hacía cincuenta años revocados. La Virgen de la Caridad del Cobre, con los poderes otorgados por el mismo Vaticano en 1998², comenzó así su beatífico viaje.


En una emotiva ceremonia en el sitio de las minas del Cobre, como antesala de la celebración en 2012 de los 400 años de la aparición de la imagen, se dio inicio a la peregrinación de la Patrona de Cuba por su isla-aldea. En ese ya famoso año se celebrarán cuatro siglos de la milagrosa manifestación de la madre de Jesús en nuestra isla. Cuenta la “leyenda histórica" que, en una remota bahía cubana en el oriente del país se declaró la providente Caridad en figura y por escrito a tres trabajadores de las minas: dos taínos y un africano. Al mismo tiempo, la virgen había sido traída desde España una docena de años antes por un oficial militar, como clon en la mayor de las Antillas de Nuestra Señora de la Caridad de Illescas. Se atribuye al evangelista San Lucas la factura en madera de esta última, devocionada desde antaño en la peninsular Toledo, que terminó reproducida vestida de cobre en el Oriente colonial de nuestro país. Así se introdujo en Cuba el culto mariano católico, que en América se revistió del sincretismo propio del Nuevo Mundo con la aparición de las madonnas morenas. Ya en el siglo XVII, “tres devociones marianas emergieron que eventualmente devinieron emblemas de identidades caribeñas (...). En la colonia española de Santo Domingo Nuestra Señora de Altagracia en Higüey asume este rol, mientras que en Puerto Rico es Nuestra Señora de Monserrate, en Hormigueros y, en Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre”.³

También se sabe que un siglo antes un cacique taíno explotó al máximo la magia de otra imagen de la Virgen María mientras guerreaba invicto contra sus enemigos vecinales.Seguía en esto la tradición chamánica del trato con los cemíes, entre los cuales los que comunicaban con Atabeira, la ancestral madre taína de las aguas y los dioses, eran los más providenciales. Los cemíes eran objetos naturales o de confección artesanal que almacenaban todo el poder que su fabricante o usuario pudiera convocar en él. Estatuas talladas finamente en piedra o madera muy dura, figuras hechas de algodón o maíz, rocas, animales, plantas, eran portadoras de la energía que fluye tras la naturaleza y que podía canalizarse para obtener logros específicos. Si el poder no estaba o se agotaba en un objeto cemí, este era desechado o sustituído. La tradición decretaba probar su eficiencia. Y así sucedió cuando este cacique vencedor sometió a prueba el poder de su nuevo cemí: una pequeña pintura en papel de María, la “Reina de los Cielos", obsequiada por un oficial español. Después de repetir como mantra la invocación: “Ave María, Ave María”, ocurrió el milagro. La Virgen respondió al llamado, y con el solo toque de un bastón desató un complicado nudo. Quedaba así comprobado el gran poder que esta nueva e importada versión de Atabeira traía consigo. Se dice que este cacique había prohibido mentar el santísimo nombre de "María" fuera del templo que le había construido, a no ser que fuera él mismo o las mujeres durante un parto riesgoso.

Cemí Atabeira en una cueva ceremonial taína El Wafe, Niquero.

Casualmente, Atabeira ⁵, madre de las Aguas Dulces, sangre de la fertilidad de las plantas y los animales, también era la progenitora del ser supremo para los taínos: Yucahu Bagua Maorocoti, el Ser de la Yuca y el Mar. Al escuchar que la imagen en papel representaba también a esa Diosa Madre, procedieron a disfrutar de sus promisorios poderes al punto de convertirse a la nueva fe para así merecerlos. Entre sus beneficios estaba el de asegurar el feliz parto de las mujeres y de los frutos de la Tierra. Se cuenta de otro cacique que era tan celoso con su imagen de la Atabeira-María, que huyó a los montes con tal de que los curas que la frecuentaban no se la quitaran. Tiempo después la superstición católica de entonces fabuló que el indio lanzó su imagen al río, para nunca entregarla a nadie y la Providencia Divina quiso que reapareciera como estatuilla flotante en la Bahía de Nipe. Esta luego sirvió, entre otras cosas, para asegurar con el niño Jesús en sus brazos el buen cumplimiento de la ley cristiana por parte de los negros que padecían su esclavitud en las minas del Cobre.

La devoción a la virgen española indianizada fraguó cuando el sincretismo cultural “indoafroespañol" sembró la identidad del hombre nuevo del Nuevo Mundo: el criollo. En esta fusión el aspecto chamánico del culto a la fértil madre se fue desvaneciendo lentamente. El cemí taíno sirvió de hospedero al orisha africano mientras se mimetizaba en la santa española. La antigua generadora de los flujos acuosos transfirió su fuerza cemí de Diosa Madre a la sensual y tierna deidad africana y a la convocadora de devociones Madre de Dios.

        Oshun African Godess. ©Selina Fenech.

Desde entonces, la Virgen paridera del niño Dios ha sido el referente maternal por excelencia en las tierras cubanas. En su cobriza advocación, la dueña de la Caridad en el Cobre ha realizado milagros y dejado estelas de magia y esperanza. El más sonado de ellos fue la aparición de tres luces en el cielo, vaticinando la fusión armónica de tres cosmovisiones y razas diferentes, en el momento en que se decidía su sede definitiva en la ermita del Cobre. Esto llevó luego a la transformación de los dos taínos y el africano descubridores en los tres Juanes: uno negro, uno blanco y uno indio, que desde su bote miran absortos la divina aparición sobre las aguas. Para los católicos es indicio sacro de que la santa virgen, hijo en brazos, también pensó en nuestra tierra para ejercer sus caridades. Para los creyentes de la tradición yoruba es el desenvolvimiento próspero del flujo acuoso de la vida, la buena semilla y cosecha en la vida; el buen amor, la candidez gratuita del orisha. Para los descendientes de taínos fue una constante reminiscencia evanescente de su pasado chamánico.

           Imagen de la Patrona de Cuba en su santuario del Cobre, Santiago de Cuba.

Ahora que los diálogos entre el gobierno cubano y la Iglesia Católica se restauran después de cincuenta años de estancamiento, la Santa sale a peregrinar la isla con sus bendiciones. A diario, excediendo en frecuencia, fruición y convencimiento a las otrora semanales tribunas abiertas de la Revolución, la Patrona de Cuba despierta sentimientos de esperanza en cada remoto pueblo que visita. En una casi idolátrica espera, nuestros paisanos llenan sus corazones de lágrimas devotas para recibir la bendición que desde la estatuilla mana. Muchos se convierten emocionados a la fe católica mientras los sacerdotes en sus túnicas blancas desreprimen el adoctrinamiento después de medio siglo de ateísmo generalizado. Como hace mucho no se veía, los cubanos desempolvan su religiosidad tácita, que ahora se mezcla con los deseos de cambios reconciliadores y reformas pacíficas. De la virgen se espera que apacigüe desencantos, resentimientos, dolores y odios, exódicas separaciones familiares, la acumulación de años de entuertos políticos domésticos y acoso imperial norteamericano, que terminaron por sofocar el ánimo casi místico conque una vez la mayoría de los cubanos abrazaron el nuevo evangelio laico de la Revolución.



          Imagen de la Patrona de Cuba en su santuario del Cobre, Santiago de Cuba.


Hoy la Patrona de Cuba, la diosa madre aborigen, afrocubana y cristiana, despliega su manto áureo sobre la isla, en una lucha silenciosa de reconciliación. Sería formidable que esta imagen caritativa en su avance profundo no suma al pueblo en una nueva mansedumbre y recuperara su símbolo de poder para la lucha. En la guerra por la independencia, los mambises la llevaban al combate, en sus estandartes y prendidas a su ropa, justo como hiciera siglos antes aquel cacique belicoso. De aquí el que se llamara Virgen Mambisa. Sería también muy digno que la Iglesia Católica en Cuba se despojara del hálito colonizador que le es casi inherente y seriamente se propusiera dejar que los cubanos pensemos libremente, libres incluso de su mansa doctrina. Que su despliegue en la isla sea renovado, desprovisto de los vicios imperiales que en quinientos años de colonización, sesenta de neocolonia, más cincuenta de revolución hoy decadente, han apacentado al rebaño cubano. Que los naturales de esta isla nuestra desborden todos los corrales, todos los pastos, todos los narcóticos mentales y se constituyan en manada cimarrona, silvestre; rebelde a todas las encerronas físicas, mentales e ideológicas que muchos, desde Guamá, Maceo, Martí y los Indepedientes de Color hasta Fidel, los Cinco Héroes y Fariñas, han confrontado.

Sería mucho pedir, Santa Atabeira Ochún de la Caridad, que tu luz cándida nos quite todas las vendas. Sería demasiada petición que tu paz guerrera se esparza por la isla y la trascienda, que quite el yugo colono-imperial a Borinken, Kisqueya, Jamaica, tus antiguas tierras de ensueño. Sería excesivo pedirte que juntaras a todas la vírgenes afro e indohispanas desde el Caribe al continente y que restauren el útero de Atabeira, Pachamama, Tonatzin y nos regresen al ombligo originario.

Sería mucho pedir, pero... ¿Qué milagro no puedes tú, bendita Madre de todas las Aguas?


¹ En José Juan Arrom: “La Virgen del Cobre: Historia, leyenda y símbolo sincrético”, en Certidumbre de América. Madrid, Editorial Gredos, 1971, p 181. En esta obra Arrom estudia el manuscrito del presbítero Bernardo Ramírez, en el que quedan compendiadas las apariciones y desapariciones en la isla de la providencial Virgen María.


² En 1998 el Papa Juan Pablo II coronó la estatua de la Virgen de la Caridad del Cobre, destacando aún más su ascendencia divina sobre los cubanos. No obstante, se negó a tratar a los santeros como ministros de religiones distintas. Anthony M. Stevens-Arroyo: “The Contribution of Catholic Ortodoxy to Caribbean Syncretism”, p. 53 del Arch. de Sc. soc. des Rel., 2002, 117 (janvier-mars).

³ Anthony M. Stevens-Arroyo Op. cit, p. 44; Este profesor puertorriqueño tiene una peculiar concepción acerca de lo que llama "Homología Religiosa": Op cit. p. 43 y Stevens-Arroyo Anthony: "Cave of the Jagua: The Mythological World of the Taínos", en Cristianismo Taíno, 2nd edition, 2006 by University Scranton Press. José Juan Arrom: «La Virgen del Cobre: Historia, leyenda y símbolo sincrético», en Certidumbre de América. Madrid, Editorial Gredos, 1971, pp. 181-192. Según Stevens-Arroyo no sería Atabeira la deidad taína sincretizada en la Virgen del Cobre, sino otra mujer mitológica, la chamana Guabonito. Op cit. p. 52. En 1915 los veteranos de la Guerra de Independencia escribieron al Papa Benedicto XV que declarara a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba.


Autor: Rubén Lombida Balmaseda.