jueves, 20 de diciembre de 2012

Cuba 2012: Poesía SIn FIn en el Fin del Mundo

Hace ya varios años que la infinitud de la poesía omnirepresentada por los OMNI ZONA FRANCA  se desparrama por la isla con su insistencia en la regeneración espiritual, estructural y material de la sociedad cubana. Desde sus inicios en la barriada vertical que cual mantra omnisonante les inculcó el horizonte marino como límite: "A la mar, a la mar…",  una vez se lanzaron al mundo. Expandieron la omnifranquicia a otras zonas de la globalización planetaria donde se vive lo mismo con lo mismo, y distinto; con sus máses y menos. Regresaron y continúan su peregrinar poético por las escamas del caimán, buscando las puntas que ya no pueden evitar ser plumas. Usan la poesía como poder transmutador: metaforizar la realidad para metabolizarla y transformarla más allá y acá de su cruda inmediatez, sus cortas metas. Regresaron y continuaron su fiesta ritual de la poesía desde la que cada fin de ciclo solar lanzan su votos de renovación para la nación cubana, el mundo, el universo. Festival Poesía Sin Fin. En esta fiesta se pretende propiciar la eternidad de la poesía: como sacerdotes de ella que son saben poner, clave iniciática franca de por sí, el verbo como hostia en la boca de todos. Proveen, desde el invierno y el campo dimensional de la poesía las semillas de futuros frutos primaverales, poniendo muchas voces a vibrar juntas desde su ritmo, canto y circunstancias diversas. Todo el mes se la pasan así, uniendo pasos, siguiendo y gestando huellas de renovación, el rito. Tentando el milagro, cada 17 de diciembre viajan al punto geofísico y geomítico en el que las creyentes mentes cubanas ubican la personal, nacional y mundial fuente de cura, renovación, renacimiento, esperanza: San Lázaro - Babalú Ayé - Guahayaona *. En esa esquina triangular, ese Rincón en el espacio se concentran la luz y el poder de tres humanos divinos que vivieron en vida y muerte propia la posibilidad de renacer. San Lázaro, resucitado en cuerpo y espíritu por Jesús; Babalú Ayé, orisha regenerante transmutador de las llagas de sus faltas en sanación para los otros; Guahayona, chamán arawako que disolvió su sífilis en la luz áurea del conocimiento del guanín, concentración de Turey, lo zona más clara, franca, del cielo. De lírica activa, militante, penitente, construyen un gigante mitopoyético que carga un gran garabato, cruz megamadérica, esfuerzo de todos. Lo llevan hacia el númen de tres ancestridades: cristiana, africana, aborigen; invitando al viejo triple a que suelte las muletas y tome este bastón, un garabato para abrir caminos y que en cada encrucijada del origen deposite la promesa del rebrote. Cada diciembre siguiendo las omniedades convocan a la feria espiritual, un contubernio de saberes, filosofías, praxis, artes, que desde la expansión espiritual visualiza el futuro cubano. Cada año la poesía se aposenta en el cascabel de la serpiente del ciclo, su sección última y más sonora para hacer escuchar todas las resonancias que acudan al franco y omnimplicante llamado. Todos los años, hace ya varios años en diciembre, Poesía Sin Fin. Pero nunca antes ni después el no fin de la poesía coincidirá con el Fin del Mundo. Y nunca antes, nunca después, en la isla de Cuba. No en este milenio.


La tradición hecatombiaria milenarista que siendo seres de un mundo de desencanto globalizado padecemos, enfermedad crónica occidental, ha elegido una nueva fecha: 12 de Diciembre del 2012. Los anhelos reprimidos de regeneración personal y social se juntan nuevamente en el tejido intersubjetivo, manipulado por los medios imperiales, en un día correspondiente a un momento del calendario profético maya. El temor, la necesidad, la esperanza de que el mundo se acabe, resurgen doce años después de dormido el segundo milenio, mil y doce años desde que nació la era cristiana. Esta vez, el jadeante vértigo que los nuevos tiempos traen, la casualidad, el error, se aferran a una fecha en la que los antiguos mayas supuestamente fijaron la profecía del fin de su mundo. Hoy este fervor habitual de cese de los tiempos, epidemia apocalíptica, epidemia redentora, es vaticinado desde la espiritualidad, la mística, el celuloide, la farsa. Como resultado la masa critica y sobrepoblada de la humanidad que somos ha alineado las mentes, las consciencias y las inconsciencias en una espera del armagedón pronto a suceder. Para la madrugada del 21 de diciembre de este año, en solo unas horas, algunos esperan un rayo sintonizador desde el centro de la galaxia que remueva y renueve la piel luminosa del planeta. Los hay que convocan a seres extraplanetarios o extradimensionales que ayuden a destruir o regenerar la tierra. Otros esperan asteroides ya desde eones prestos a acudir a la aplastante cita. Muchos anhelan un recomienzo luego de una espesa noche oscura de la humanidad. En  Cuba, la cercana fecha final se hizo notable por dos vías fundamentales: los seguidores de la mística de la nueva era neomayoide, José Argüelles; y la retórica de ingenuo humor de un conocido presentador multifacético de televisón y política nacional: Reinaldo Taladrid. El primero, inspiró un movimiento de resonancia armónica para que las mentes del planeta sintonizaran con antelación la energía regeneradora en la supuesta fecha predicha por los mayas. El segundo, desde su programa de documentales Pasaje a lo Desconocido retó y convidó a especialistas creyentes y no creyentes en la culminante fecha, a atestiguar el fin o la continuidad del mundo desde la altura de una azotea habanera. Ambas cosas, por vías diferentes han gestado temores y esperanzas en muchos cubanos, resonando sus ansias insulares con las del resto del orbe, la esperanza y temor de un fin, la esperanza y temor de un recomienzo.**

En una Cuba lastrada por el encostramiento de sus estructuras y funciones sociales, por decirlo desapegadamente, un mundo se acaba. En una isla en la que la voz, el deseo, la idea no son libres, presos dentro de sus fronteras, un mundo quiere renacer. En la tierra donde, como cualquier otra, la revolución que otrora convirtió la opresión en libertad se acerca a la cima en la que la libertad cede a la opresión, un mundo pide cambiar. Se piden juicios finales y personales de uno y otro lado de la balanza justiciera. En los meses cúlmines de este año se han visto huracanes, encarcelamientos, injusticiamientos y enjuiciamientos, todos con ese toque de absurdo, irreal, ilegal que se espera en el fin de los tiempos. Las fuertes voces que anhelan y demandan una otra Cuba ven coincidir sus latidos con los corazones en todo el planeta que demandan un otro mundo. Tampoco en esa Cuba de ahora, en este fin de mundo, dicen los Omni, la Poesía tiene fin.


No sé que rezo tienen preparado los Omni Zona Franca para la medianoche de este 21 de Diciembre, pero me atrevo a imaginar uno, intentando mimetizar su propia omnicongapoyética sin fin: "...Ya se acabó, hay que volverlo a empezar, lo que tiene fin, debe recomenzar…"

* Este paralelismo simbólico es especulativo aunque rastreable en los registros mitológicos y resonante con los procesos de conformación, síntesis y consolidación de arquetipos simbólicos que participan del eclecticismo sincrético propio de la psique humana así como de su sedimentación consciente, subconsciente e inconsciente a traves del tiempo y los accidentes culturales. Véanse las entradas Babalú Ayé, San Lázaro y Guahayona en el Catauro de Seres Míticos y Legendarios de Cuba a cargo de Manuel Rivero Glean y Gerardo Chávez Spínola (Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello La Habana, 2005); y Daisy Fariñas Gutiérrez: Religión en las Antillas, Editorial Academia, 1995, pp. 90-91


** Como afortunada y decidida convergencia a principios de este presunto diciembre final, líderes mayas actuales, herederos culturales de los antiguos, tuvieron la oportunidad de desinflar fantasías y consolidar realidades desde un evento auspiciado por Casa de las Américas. Como parte del Programa de Estudios de Culturas Originarias de América  en un panel llamado Guatemala y el mundo Maya: cosmovisión y desafíos a fines del 2012, estos mayas de hoy aportaron sus saberes y pespectivas acerca del esperado momento y el mecanismo calendárico al que se atribuye.

Autor: Rubén Lombida Balmaseda

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